Un evento de gran intensidad —bautizado por los científicos como “El Niño Godzilla”— explica la seguidilla de sistemas frontales, las lluvias históricas y el aumento del riesgo de aluviones durante este invierno austral.
Los temporales que han afectado a la zona centro-sur de Chile durante este invierno no son un episodio aislado. Detrás de ellos hay un motor climático de gran escala: el fenómeno de El Niño 2026-2027, un evento tan intenso que investigadores del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) lo han apodado “El Niño Godzilla, versión 2026”.
Cómo El Niño alimenta las tormentas
El Niño eleva la temperatura de las aguas del océano Pacífico. Ese calentamiento reconfigura la circulación atmosférica en el hemisferio sur: se posiciona un sistema de alta presión al oeste de la Península Antártica y, al mismo tiempo, se debilita el anticiclón subtropical, esa “muralla” que normalmente desvía las tormentas y mantiene seco al Chile central.
Con esa barrera debilitada, se abre un corredor por el que los sistemas frontales provenientes del océano logran llegar al continente y descargar toda su humedad. El resultado es una mayor probabilidad de precipitaciones sobre lo normal durante el invierno y la primavera.
El temporal más severo estuvo impulsado por un río atmosférico de categoría 5, el máximo de la escala: una “autopista” de humedad tropical que alimentó un verdadero tren de sistemas frontales encadenados sobre el país.
Un “tren de frentes” con saldo trágico
El evento principal no fue una sola tormenta, sino una seguidilla continua de frentes que transportaron enormes cantidades de humedad desde la zona tropical. Ese encadenamiento explica por qué la lluvia no dio tregua durante días.
El impacto humano fue considerable. Hacia fines de julio de 2026, el temporal había dejado un saldo de 13 personas fallecidas, un centenar de lesionadas, decenas de desaparecidas y más de 16.000 damnificadas, además de casi 16.000 personas aisladas por caminos cortados y pueblos incomunicados.
El peligro silencioso: los aluviones
Uno de los riesgos más característicos de un Niño intenso es que eleva la isoterma cero, es decir, la altura a la que la lluvia se transforma en nieve. Cuando esa cota sube, cae agua líquida en zonas cordilleranas donde normalmente debería nevar.
El problema es doble: esa agua no se acumula como nieve, sino que escurre de inmediato arrastrando lodo, material y rocas ladera abajo. Así aumenta de forma exponencial el riesgo de aluviones, uno de los desastres más destructivos y difíciles de anticipar en la geografía chilena.
Prevención antes que lamento
Los organismos de emergencia insisten en que la preparación marca la diferencia. Entre las medidas recomendadas para los hogares destacan la limpieza profunda de canaletas y bajadas de agua, la revisión de techumbres para evitar filtraciones y el mantenimiento preventivo de la vivienda antes de que se intensifiquen las lluvias.
Con un fenómeno que, según los especialistas, acompañará al país durante varios meses más, entender el mecanismo detrás de los temporales es el primer paso para reducir su impacto.
Fuentes: Dirección Meteorológica de Chile (DMC), Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Senapred y reportes de prensa nacional.